Los límites en las relaciones

Imagina que vas conduciendo y de repente se borran todas las señales … ¿cómo te sentirías? Quizás, confuso por no saber hacia donde dirigirte, a qué velocidad debes ir, en que dirección. Llegaría poco a poco la fustración porque no tenemos límites que nos guíen. Así se sienten los niños que hacen lo que quieren y tienen a los padres a su servicio. Se vuelven unos pequeños tiranos y unos adolescentes psicópatas, a los que solo les preocupa su bienestar y placer. Unos hedonistas poco empáticos que se enfrentan a cualquiera  cuando no consiguen lo que quieren. Muchos de ellos no saben que hacer con sus vidas y se decepcionan fácilmente. Si conseguimos un cerebro superior bien integrado, conseguiremos uno de los objetivos más importantes para nuestros hijos: un profundo sentido de la ética. Cuando los niños pueden tomar decisiones inteligentes y sensatas y son capaces al mismo tiempo de controlarse y actuar basándose en la empatía y la comprensión de si mismos, desarrollan un sentido sólido y activo de la ética, un sentido no sólo del bien y del mal, sino también de lo que es un bien mayor más allá de sus propias necesidades individuales. 





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